El hada del lago cristalino y la misión de salvar el reino sumergido

El hada del lago cristalino y la misión de salvar el reino sumergido

El hada del lago cristalino y la misión de salvar el reino sumergido

En un reino lejano, más allá de las altas montañas esmeralda y los vastos desiertos de ámbar, se hallaba el lago cristalino, un espejo azul que reflejaba la pureza del cielo y las almas de aquellos que se atrevían a mirar en sus profundidades. En este lago vivía Ariadna, un hada de incomparable belleza y poder, cuyas alas parecían tejidas con hilos de luz lunar y cuyos ojos reflejaban la profundidad de las aguas en las que residía.

Ariadna, a pesar de la tranquilidad que caracterizaba su vida en el lago, sentía que algo faltaba. Una noche, mientras la luna llenaba el cielo y las estrellas le susurraban secretos, una visión la asaltó. Vio un reino sumergido, oculto en las profundidades de su propio hogar, cuyos habitantes vivían atrapados en un hechizo que les había robado la memoria de la superficie y sus vidas pasadas.

Conmovida por esta revelación, Ariadna decidió buscar a Alarico, el sabio búho que habitaba en la antigua torre de cristal, buscando consejo. Tras un vuelo bajo la luz de las constelaciones, encontró al búho, cuyos ojos centelleaban con el conocimiento de los siglos.

«Alarico, he visto un reino sumergido en nuestro lago cristalino. ¿Cómo puedo liberar a sus gentes?» preguntó Ariadna, su voz tan clara como el agua pura.

«Para romper el hechizo, debes encontrar el corazón del lago, una gema forjada con el primer amanecer. Pero cuidado, joven hada, pues un ser oscuro guarda el corazón y no desea ver su poder disipado,» respondió Alarico, su tono tan serio como el silencio de la noche.

Armada con valor y determinación, Ariadna se sumergió en las profundidades, nadando entre corales que brillaban como estrellas caídas y esquivando criaturas de elegancia fantástica, pero peligrosas. Después de días que parecían eternidades, se encontró frente a Caradoc, el guardián serpenteante del corazón del lago, cuyos ojos ardían con un fuego helado.

«¿Quién osa perturbar mi vigilia?» rugió Caradoc, su voz tan potente que hizo vibrar las aguas.

«Soy Ariadna, hada del lago cristalino, y vengo a liberar el reino sumergido de tu prisión,» declaró ella, sin dejar que el miedo anidara en su corazón.

A pesar de las amenazas y ardides del guardián, Ariadna no se dejó disuadir. Con cada palabra, cada movimiento, demostraba su valía y su derecho a reclamar el corazón del lago. Finalmente, ante la pureza de su propósito y la firmeza de su espíritu, Caradoc cedió, permitiéndole tomar la gema.

Al tomar el corazón del lago en sus manos, Ariadna sintió cómo su poder fluía a través de ella, un torrente de vida y memoria. Voló hacia la superficie, y con un canto suave pero poderoso, liberó el hechizo que mantenía al reino sumergido en el olvido.

Los habitantes del reino, liberados al fin, emergieron de las aguas, sus ojos llenos de lágrimas y asombro al redescubrir el cielo, el sol y el verdor de su tierra. Entre ellos, el príncipe Eldric, que había soñado con la superficie incluso en su encierro, se acercó a Ariadna.

«Hada del lago, has devuelto la luz a nuestro reino y a nuestras almas. ¿Cómo podemos agradecerte?» dijo Eldric, su voz temblorosa por la emoción.

«Veros libres es todo el agradecimiento que necesito. Pero cuidad del lago y de sus criaturas, pues todos somos parte de este mundo,» respondió Ariadna, su sonrisa tan brillante como el agua bajo el sol.

El reino, ahora en agradecimiento, juró proteger el lago cristalino y todas sus maravillas. Ariadna, por su parte, encontró un nuevo propósito en guiar y cuidar de sus nuevos amigos. La amistad entre el reino y las criaturas del lago se fortaleció, contando con la sabiduría de Alarico y la valentía del príncipe Eldric.

Con el tiempo, el lago cristalino no solo reflejaba la belleza del cielo sino también la unión y armonía de dos mundos. La paz reinó en el reino y bajo las aguas, donde antes sólo había olvido y oscuridad.

Ariadna, a través de sus viajes y aventuras, aprendió que el valor y la compasión son las llaves que pueden abrir corazones y romper los hechizos más oscuros. Y el reino, agradecido, celebró cada año el día en que el hada del lago les devolvió su libertad, con fiestas que llenaban el aire de risas y el cielo de fuegos artificiales que rivalizaban con las estrellas.

En el futuro, historiadores y poetas contarían la historia de Ariadna, el hada del lago cristalino que desafió las profundidades para salvar a un reino olvidado. Narrarían cómo su bondad y coraje transformaron el destino de muchos, convirtiéndola en leyenda.

Y así, cada noche, cuando el lago cristalino reflejaba el brillo de la luna y las estrellas, aquellos que escuchaban podían oír los ecos de un pasado valiente, la risa de criaturas mágicas y el susurro de un hada que creyó en el poder de la esperanza y el amor.

Moraleja del cuento «El hada del lago cristalino y la misión de salvar el reino sumergido»

La verdadera magia reside en la valentía del corazón y la fuerza de la compasión. Enfrentar nuestros miedos y luchar por aquellos que no pueden hacerlo por sí mismos no solo nos eleva, sino que también ilumina los rincones más oscuros del mundo. Nunca subestimes el poder de un solo acto de bondad, pues incluso el gesto más pequeño puede desatar una cascada de cambios y llevar luz a los lugares más inesperados.

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