Cuento: El misterio del faro de Blackrock y luces en la noche y el llamado del mar

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El misterio del faro de Blackrock y luces en la noche y el llamado del mar

Una vez, en un pequeño y remoto pueblo costero, se alzaba imponente un antiguo faro conocido como el Faro de Blackrock.

Su silueta recortaba el oscuro velo nocturno, siendo una guía luminosa para los navegantes errantes.

Sin embargo, en el pueblo corrían rumores, susurros de una maldición que envolvía aquel lugar y atraía desventuras a cualquier alma desdichada que osara desentrañar sus secretos.

No fue sino hasta la llegada de los hermanos Alma y Gael a Blackrock cuando las leyendas comenzaron a cobrar vida.

Tras heredar la custodia del faro de su difunto tío, se mudaron a aquel lugar con la esperanza de encontrar paz.

Pero lo que encontraron fue un misterio ancestral que desafiaría su cordura y pondría a prueba su valor.

Alma, con su cabello como la noche y ojos que rivalizaban con el mar en profundidad, siempre había sentido una conexión especial con los océanos.

Gael, más escéptico y sensato, era su contraparte con su mente enfocada y su fuerza tranquilizadora.

Su primera noche resultó ser un preludio del oscuro velo que pronto caería sobre ellos.

Ambos despertaron sobresaltados por unos golpes sordos contra la puerta del faro.

Al entreabrir la pesada madera, la nada los saludó con su abrazo gélido.

«Es el viento y nada más», dijo Gael tratando de convencerse a sí mismo. Pero en el fondo, ambos sabían que la noche guardaba secretos que el viento no podía contar.

Con los días, la gente del pueblo, de miradas esquivas y palabras medidas, les contaron historias de luces errantes sobre el mar y lamentos ahogados que ascendían desde las profundidades.

«Cuando las luces danzan sobre las negras aguas», decían, «es presagio de que El Llamado del Mar está próximo».

Era una leyenda antañona y tenaz que hablaba de cómo el mar reclamaba de vuelta lo que una vez fue suyo.

Una tarde, mientras Alma paseaba por la orilla, sintió cómo una niebla espesa comenzaba a devorar el paisaje.

Entre la bruma, apenas distinguible, apareció una figura que le hizo estremecerse.

Era una mujer de blanquecina piel y cabellos que parecían fluir con la misma bruma que la rodeaba.

«El faro esconde la clave», susurró antes de disolverse en el aire.

Aquellas palabras se adhirieron al alma de Alma como una segunda piel.

Gael, por otro lado, descubrió un viejo diario oculto en los recovecos del faro.

Las páginas amarillentas narraban el infortunio de su tío, quien había estado estudiando fenómenos extraños en torno al faro antes de su inesperada muerte.

«Las respuestas yacen donde el faro quiebra la oscuridad», leía una de las entradas, cuya tinta parecía tener el color de las sombras que se extendían cada vez más sobre Blackrock.

Los hermanos, cada uno en su propio viaje, comenzaron a atar cabos.

En una noche particular, donde el firmamento parecía sostener la respiración, las infames luces hicieron su aparición.

Flotaban sobre las olas, zozobrando como velas en luto. Los susurros de aquella mujer y las palabras del diario convergieron en un siniestro presagio.

«Hoy, el mar reclama», pensó Alma mientras una sensación de terror helaba sus huesos.

Llamados por una fuerza desconocida, ambos hermanos ascendieron al vértice del faro.

Allí, la fuente de luz parecía latir como un corazón gigantesco y antiguo.

La noche se cernía con una oscuridad más profunda, como si fuera el fin de todos los días.

«Debemos terminar con esto», exclamó Gael, y en un acto de desesperación, manipularon la luz hasta que un haz penetrante cortó las sombras, apuntando directamente hacia donde las luces danzaban.

Al instante, el mar retumbó con un eco lejano y poderoso. Las luces en el agua comenzaron a girar en un frenético círculo, como si el faro hubiese despertado alguna reliquia olvidada en las profundidades del océano.

De repente, el agua hirvió y burbujeó, y una voz antigua y profunda resonó, haciendo temblar el faro hasta sus cimientos. «Liberalos», decía en un susurro tan potente que los huesos mismos de los hermanos vibraban.

Entonces, Alma y Gael entendieron.

El faro no era solo un guardian de luz; era una prisión para almas atrapadas en una eterna danza con el océano.

Unidas a su tío por el legado y el destino, liberaron las almas atrapadas con un acto de valentía y amor por aquellos que alguna vez llamaron al mar su hogar.

En un torbellino de luz y sonido, las almas ascendieron, liberadas al fin, mientras la maldición del faro se desvanecía con ellas.

El Faro de Blackrock dejó de ser un enigma. Las luces en la noche y el Llamado del Mar se convirtieron en leyendas sin sustancia, cuentos para no dormir que los mayores contaban a los niños.

Pero Alma y Gael sabían la verdad. El faro había recuperado su propósito original: una guía segura para los navegantes y no un vestigio de sombras y desgracias.

La paz regresó a Blackrock, y con ella, la luz de la esperanza iluminó cada rincón, cada corazón, cada alma que alguna vez se inquietó por lo que yacía bajo las olas.

De los hermanos se habló durante muchas generaciones, los guardianes que enfrentaron la oscuridad y trajeron la luz de vuelta al pueblo.

Y así, Alma y Gael vivieron muchos años, felices y tranquilos.

Cada vez que el faro destellaba su haz de luz sobre el vasto mar, ellos sonreían sabiendo que en la armonía entre la tierra y el agua, habían encontrado no sólo su propósito, sino también su hogar.

Moraleja del cuento El misterio del faro de Blackrock y luces en la noche y el llamado del mar

En las profundidades de la oscuridad y el miedo, incluso el más desalentador de los misterios puede disolverse ante la luz de la valentía y la verdad.

Así como el faro guía a los barcos hacia un puerto seguro, nuestra determinación y bondad nos llevan a un destino de paz y armonía.

Las sombras del pasado, al ser enfrentadas con corazón y coraje, pierden su poder y finalmente descansan en la eternidad del mar.

Abraham Cuentacuentos.

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