Cuento: La bruja Escaldrufa en una sorprendente historia mágica

La bruja Escaldrufa en una sorprendente historia mágica

La bruja Escaldrufa en una sorprendente historia mágica

En el centro de un tenebroso bosque, donde las sombras danzaban con la luz de la luna y el viento susurraba secretos antiguos, habitaba una enigmática bruja llamada Escaldrufa.

Su figura esbelta y encorvada evocaba tanto respeto como temor entre los aldeanos, quienes sabían bien de sus poderes y su sabiduría ancestral.

Sus cabellos largos y grises caían en cascada sobre unos hombros siempre envueltos en un manto de terciopelo negro, y sus ojos, dos pozos profundos de un azul gélido, parecían capaces de ver más allá del tiempo.

Escaldrufa no vivía sola, pues en su choza de techos de paja y paredes de madera, la acompañaban tres criaturas singulares: un gato negro de nombre Lucifur, una lechuza llamada Almendra y un sapo vetusto conocido como Don Ranas.

Ellos, a diferencia de la mayoría de los animales, compartían con Escaldrufa un vínculo mágico, comunicándose con ella a través de pensamientos y visiones, contribuyendo a dar forma a sus hechizos y pociones.

Una noche, mientras la luna llena iluminaba el claro del bosque con su resplandor plateado, Escaldrufa se encontraba sumergida en sus grimorios milenarios.

La paz de esa velada fue interrumpida por un toque ligero pero insistente en la puerta.

El corazón de la bruja se aceleró al percibir una energía desconocida.

«¿Quién osa molestarme a estas horas?» murmuró, susurrando conjuras que hicieron abrir la puerta con un chirrido.

Ante ella apareció una muchacha de ojos castaños y cabello enredado.

Sus ropas estaban manchadas de barro y su rostro reflejaba tanto desesperación como esperanza.

«Me llamo Mariana», comenzó la joven con voz temblorosa. «He venido de la aldea de Piedranegra para pedir tu ayuda. Mi hermano Juan ha caído en un sueño profundo del cual no puede despertar y temo que se trate de una maldición.»

Escaldrufa observó a Mariana con detenimiento.

Notaba en sus ojos una fortaleza oculta detrás del miedo.

«Entra, Mariana. La noche es joven y hemos de desentrañar este enigma cuanto antes», dijo mientras le hacía señas para que cruzara el umbral de la choza.

La bruja indicó a Mariana una silla junto al fuego y le sirvió una infusión de hierbas que mitigó su temblor.

Almendra, desde su perchero, observaba atenta.

«Señora, he visto extrañas luces en el círculo de piedras no lejos de aquí», dijo la lechuza. «Quizás esas energías sean la clave para ayudar al hermano de la joven.»

Escaldrufa asintió y envió a Lucifur a investigar mientras ella preparaba sus ingredientes.

Con la primera luz del alba, Escaldrufa, Mariana y los tres mágicos acompañantes se dirigieron al círculo de piedras.

Lucifur los esperaba, sentado con elegancia felina sobre una roca cubierta de musgo.

«Hallé restos de un ritual oscuro aquí», informó el gato con voz grave. «Parece obra de Morvana, la sombra errante.»

Morvana era una bruja renegada que había sido desterrada por sus prácticas extremas, pero nadie esperaba que su sombra acechara todavía estos bosques.

«Debemos ser cuidadosos», advirtió Escaldrufa a su nueva aprendiz. «La magia de Morvana es peligrosa, pero unidas somos más fuertes.»

Con estas palabras, comenzaron el contrarritual, utilizando hierbas sagradas, conjuros y el poder de los elementos.

Las piedras vibraron y el aire se tornó pesado, cargado de energías antiguas.

De pronto, la figura sombría de Morvana emergió entre la niebla, con una risa sardónica que helaba la sangre.

«¿Acaso crees poder derrotarme, Escaldrufa?» exclamó. «El muchacho ya es mío, su alma alimentará mis poderes.»

Escaldrufa, sin perder la calma, extendió sus brazos hacia el cielo, invocando el poder de la luna y las estrellas.

Mariana, instintivamente, se unió a la bruja, pronunciando las palabras que Escaldrufa le dictaba con voz firme.

La combinación de sus voces creó una melodía ancestral, poderosa y desgarradora.

Morvana lanzó un chillido espeluznante, tratando de resistir, pero la fuerza de la unión entre Escaldrufa y Mariana era imparable.

Con un último grito, Morvana se desvaneció en un torbellino de sombras, dejando tras de sí un silencio ensordecedor.

Escaldrufa cayó de rodillas, agotada.

Mariana se derrumbó a su lado, pero una calidez reconfortante las envolvió.

Don Ranas saltó sobre la roca más alta y croó con alegría, «¡Lo lograron! Juan despertará pronto.»

Regresaron a la choza donde Juan, delgado y pálido, yacía aún en su letargo.

Escaldrufa vertió una poción preparada con esmero en los labios del muchacho, quien al cabo de unos minutos abrió los ojos con asombro.

«¿Dónde estoy? Mariana, ¿qué ha pasado?» murmuró mientras trataba de incorporarse.

«Todo está bien, hermanito», respondió Mariana, con lágrimas de alegría corriendo por sus mejillas. «Estás a salvo, gracias a Escaldrufa y sus amigos.»

La bruja sonrió, una sonrisa que no iluminaba su rostro tan a menudo.

Sintió una satisfacción profunda al haber roto la oscuridad que Morvana había intentado imponer.

Los días pasaron y Escaldrufa decidió que Mariana debía quedarse con ella para aprender más sobre las artes mágicas.

La joven, demostrando gran aptitud y una voluntad férrea, se convirtió en una excelente aprendiz.

Juan, por su parte, se recuperó rápidamente y encontró su lugar ayudando a la comunidad, contando sus experiencias y compartiendo las enseñanzas de Escaldrufa.

Con el tiempo, la fama de Escaldrufa creció, pero no como la temida y misteriosa bruja del bosque, sino como la sabia y bondadosa protectora.

Los aldeanos de Piedranegra acudían a ella no solo en busca de soluciones mágicas, sino también para aprender y crecer.

La alineación de fuerzas y la cooperación demostradas por todos aquellos implicados en salvar a Juan sembraron una semilla de esperanza y armonía.

Así, una vez más, la antigua sabiduría de la bruja había triunfado sobre la oscuridad, no solo con poder, sino también con amor y colaboración.

La choza en medio del bosque se convirtió en un faro de esperanza y conocimiento, donde los misterios se resolvían y las almas desesperadas encontraban consuelo.

Moraleja del cuento «La bruja Escaldrufa en una sorprendente historia mágica»

El poder de la unión y la cooperación puede derrotar la oscuridad más profunda.

La verdadera magia reside en la bondad, el amor y la sabiduría compartida.

No importa cuán tenebrosos sean los desafíos que enfrentamos, juntos siempre encontraremos la manera de superarlos.

Abraham Cuentacuentos.

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