La feria misteriosa y el carrusel que llevaba a otro mundo

La feria misteriosa y el carrusel que llevaba a otro mundo

La feria misteriosa y el carrusel que llevaba a otro mundo

Era una noche de otoño, fría y misteriosa, cuando en el pequeño pueblo de Las Flores apareció una feria que nadie había visto nunca antes. La colocaron en un prado al borde del bosque, rodeada de niebla y con luces que parpadeaban al ritmo de una música inquietante. Los habitantes del lugar murmuraban que la feria era mágica, que ninguna feria en el mundo aparecía y desaparecía de un día para otro. Pero los niños, llenos de curiosidad, no podían resistirse a la tentación de explorarla.

Clara, una niña de cabello negro y ojos verdes como esmeraldas, andaba junto a su hermano menor, Lucas, un niño travieso con unos rizos dorados que siempre estaba lleno de entusiasmo. «Mira, Clara, ¡ese carrusel se ve increíble!» exclamó Lucas, señalando un carrusel en el centro de la feria. Los caballos del carrusel tenían detalles dorados y colores brillantes que llamaban la atención. Pero lo más extraño era un caballo negro en el centro, que parecía dibujar miradas con una especie de magnetismo.

«Bueno, pero me han dicho que hay ferias embrujadas, Lucas. No deberíamos…» murmuró Clara, aunque su voz traicionaba cierto interés. Al final, la curiosidad y el entusiasmo de Lucas pudieron más, y ambos se subieron al carrusel. El encargado era un hombre alto y delgado, con un rostro cubierto por una máscara de carnaval dorada. Los saludó con una reverencia exagerada. «Bienvenidos, queridos niños. Sigan los sonidos. Nunca han visto una feria como esta».

El carrusel comenzó a girar y, poco a poco, el mundo a su alrededor cambió. Las luces se transformaron en sombras grotescas que bailaban en la oscuridad, y la música se volvió un susurro antiguo en una lengua desconocida. Al abrir los ojos, Clara y Lucas se dieron cuenta de que ya no estaban en Las Flores. «Clara, ¿dónde estamos?» preguntó Lucas, atemorizado. «No lo sé, Lucas. Esto parece un bosque, pero todo está al revés».

De repente, una bruma espesa y luminosa envolvió a los niños, y de ella surgió una figura alta y elegante. Era una mujer de largos cabellos plateados y ojos dorados, vestida con un traje de terciopelo violeta que parecía flotar a su alrededor. «Bienvenidos a mi reino», dijo con una voz melodiosa. «Soy Isadora, la guardiana del paso entre los mundos. Han ingresado a un lugar donde sus mayores miedos pueden cobrar vida o sus más grandes sueños pueden cumplirse».

«Nosotros no queríamos venir aquí», dijo Clara, tomando la mano de Lucas con fuerza. «Solo queríamos divertirnos en la feria». Isadora sonrió suavemente, pero sus ojos no mostraban ni rastro de ternura. «Todo en este reino tiene un propósito. Si desean regresar a casa, deben superar tres pruebas. Si no lo logran, quedarán atrapados aquí para siempre».

Los niños asumieron la primera prueba, adentrándose en un denso bosque que parecía estar vivo, sus ramas susurraban secretos y advertencias. «¿Qué debemos encontrar?», preguntó Lucas. «No sé, pero mantente cerca», respondió Clara. Los pasos entre el follaje parecían abrir caminos laberínticos. De súbito, una sombra pasó rápida frente a ellos.

«¡Cuidado!» gritó Clara mientras un enorme lobo de pelaje oscuro y ojos llameantes se acercaba. «Debemos enfrentarnos a nuestros miedos», dijo Lucas, intentando mostrarse valiente. Clara, recordando las palabras de Isadora, comprendió. «No le tengas miedo, Lucas». El lobo se acercó lentamente y comenzó a disminuir su tamaño, hasta convertirse en un pequeño cachorro. «Lo hicimos, Lucas. Ahora debemos seguir».

La segunda prueba llevó a Clara y Lucas a un claro dominado por un lago cristalino. Al acercarse, una sirena de cabello azul emergió del agua. «Para superar esta prueba, deben resolver un acertijo», dijo la sirena con una voz melodiosa. «Si logran resolverlo, el camino se abrirá. Si no, el lago los atrapará para siempre».

El acertijo era complejo, giraba en torno a las fases de la luna y un espejo que reflejaba solo verdades ocultas. Clara, serena y analítica, encontró la solución. «La respuesta es ‘el tiempo'», dijo con convicción. La sirena sonrió, y el lago se dividió en dos, revelando un sendero submarino que conducía a la última prueba.

Emergieron en un prado iluminado por una luz dorada. Allí, una figura familiar los aguardaba: el hombre de la máscara dorada. «La última prueba está cerca», dijo con voz tenue. «Deben enfrentarse a su mayor deseo, que puede convertirse en su peor pesadilla». Ante ellos, surgió una puerta brillante, que los llevó a una habitación llena de juguetes y dulces.

Lucas corrió emocionado, pero Clara, desconfiada, lo detuvo. «Lucas, recuerda que todo aquí es una trampa». Lucas, aunque con lágrimas en los ojos por la tentación, comprendió. Ambos decidieron abandonar la habitación y enfrentar al hombre de la máscara. «No cederemos a tus engaños», dijo Clara con firmeza.

El hombre de la máscara los miró orgulloso. «Han superado las pruebas. Ahora pueden regresar a casa». En un abrir y cerrar de ojos, se encontraron de nuevo en el carrusel de la feria, que se había detenido. La feria parecía haber desaparecido por completo, y el prado estaba tranquilo y sereno bajo la luz de la luna.

«Lo hicimos, Clara. Hemos vuelto», dijo Lucas aliviado, abrazando a su hermana con fuerza. Clara sonrió, aunque todavía sentía la intensidad de la aventura, pero sabían que estaban a salvo. «Sí, Lucas. Pero no deberíamos regresar a esa feria», respondió Clara, mientras se dirigían a casa.

Por fin llegaron a su hogar, en donde su madre los recibió con brazos abiertos y con una mirada que oscilaba entre el alivio y la preocupación. «¿Dónde habéis estado? Me teníais tan preocupada», dijo, abrazándolos fuerte. «Ha sido un día largo, pero estamos bien», mintió ligeramente Clara, dejando la verdad como un secreto compartido solo con Lucas.

Esa noche, Clara y Lucas se acurrucaron en sus camas, agradecidos por regresar y con una nueva apreciación por su hogar. «Clara, ¿crees que volverá la feria?», preguntó Lucas, con la voz más tranquila. «No lo sé, pero si sucede, estaremos preparados», respondió Clara, sintiendo una inexplicable paz.

Con el amanecer, las luces del carrusel y los ecos de la feria misteriosa se desvanecieron de sus recuerdos inmediatos, pero siempre cargaron con ellos la lección del valor y la astucia que necesitaron para superar esas pruebas. Sabían que, independientemente de los misterios futuros, podían confiar el uno en el otro.

Moraleja del cuento «La feria misteriosa y el carrusel que llevaba a otro mundo»

Este cuento nos enseña que, aunque pueda haber desafíos y temores, la valentía, la sabiduría y el trabajo en equipo pueden ayudarnos a superar cualquier prueba, regresando siempre a salvo al calor de nuestro hogar.

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