La historia de la paloma y el espejo mágico que reflejaba el futuro

La historia de la paloma y el espejo mágico que reflejaba el futuro

La historia de la paloma y el espejo mágico que reflejaba el futuro

En un pequeño pueblo encajado entre montañas, vivía una bandada de palomas blancas que todos llamaban «Las Afortunadas». Su plumaje inmaculado brillaba bajo el sol y sus vuelos elegantes adornaban el cielo con una gracia inigualable. Entre ellas, destacaba una paloma llamada Clara, una criatura pura y noble que llevaba en su corazón el anhelo de descubrir lo desconocido.

Clara era conocida por su curiosidad insaciable, aval puerta tras puerta de un misterio tras otro. Un día, mientras exploraba las profundidades del bosque cercano, encontró algo asombroso: un espejo antiguo y polvoriento, semiocluso bajo la hojarasca. Sus bordes dorados y labrados parecían sugerir que alguna vez perteneció a una civilización desaparecida.

Intrigada, Clara se posó frente al espejo y quedó cautivada por lo que vio. Reflejada en el semblante cristalino no estaba su imagen actual, sino una Clara que aún no existía, pero que parecía estar inmersa en una aventura prodigiosa. De repente, la voz de una anciana se deslizó en la brisa del bosque: «Este espejo, querida Clara, muestra el futuro de quien se lo merece.»

Clara volteó hacia la voz y vio a Doña Matilde, una mujer de ojos amables y cabello color de la luna, conocida en el pueblo por sus historias y hechizos. «Doña Matilde,» exclamó Clara, «¿cómo puedo entender el futuro que refleja este espejo?» La anciana sonrió y respondió, «Tienes que seguir tu corazón y aceptarlo con valor. Los eventos vendrán a ti como olas en la orilla del mar.»

Así comenzó la travesía de Clara, quien decidió confiar en la sabiduría de Doña Matilde. Al regresar al pueblo, Clara notó cambios sutiles: su amiga Mariana, una paloma de ojos zafiro y alma generosa, comenzó a comportarse de manera extraña, volando en círculos obsesivamente. «Algo está pasando, Mariana», le dijo Clara, pero Mariana sólo asentía en silencio.

Un día, Mariana compartió su secreto con Clara mientras se posaban en el campanario de la iglesia. «He soñado con una ciudad lejana,» confesó Mariana, «donde las palomas tienen alas de seda y los árboles brotan cristales. Quiero ir allí, pero tengo miedo.» Clara, recordando el espejo, sintió que este era el primer paso revelado por aquel artefacto mágico.

Las dos amigas emprendieron vuelo hacia una tierra desconocida. Cruzaron valles y ríos, con cada atardecer reflejando su destino en sus ojos. Llegaron a una metrópoli resplandeciente cuyos edificios rozaban el cielo. El aleteo de sus alas resonaba entre las calles llenas de luces como una sinfonía de esperanza.

Al aterrizar, conocieron a un viejo cuervo llamado Don Ernesto, de plumaje negro como la noche y mirada astuta. «Os estaba esperando,» dijo el cuervo, «sé por qué habéis venido. Este lugar está encantado, lleno de promesas y peligros. Debéis mantener vuestra pureza de corazón.» Mariana y Clara intercambiaron una mirada decidida y siguieron a Don Ernesto hacia su guarida.

Allí dentro, Don Ernesto les mostró un baúl antiguo repleto de objetos mágicos. Entre ellos, encontraron otro espejo, uno que Don Ernesto explicó que era el compañero del espejo del bosque. «Este espejo muestra los secretos del alma,» dijo. Clara, sin dudarlo, se reflejó y vio una gamma de colores y formas que revelaban sus más profundos anhelos y temores.

“Para cumplir el futuro que el primer espejo te mostró, debes enfrentar los reflejos de este,” afirmó Don Ernesto con autoridad. Mariana y Clara emprendieron esta prueba, enfrentando visiones de sus miedos y deseos. El proceso purificó sus corazones y les dio una nueva comprensión de sí mismas.

En una noche llena de estrellas, Clara visualizó el futuro que ya no le temía: un grupo de palomas alegres, unidas por la amistad y la valentía, extendiendo amor y paz por la tierra. Se sintió lista para regresar a su hogar con Mariana, sabiendo que sus experiencias cambiarían el destino de su bandada.

De vuelta en el pueblo, Clara y Mariana fueron recibidas con júbilo. Compartieron sus aventuras y aprendizajes. La bandada entera comenzó a soñar y trabajar unida, dejando de temer lo desconocido, abrazando cada nuevo día con esperanza.

Doña Matilde, con su sabiduría omnipresente, observó desde el umbral su pequeña casa. Sabía que el espejo del bosque había cumplido su propósito, reflejando no solo el futuro, sino también la verdadera esencia de quienes se miraban en él.

Los años pasaron y Clara, Mariana y toda su bandada de palomas blancas, vivieron en paz y alegría, creando un legado de unión y fortaleza para las generaciones venideras. En el bosque, el espejo antiguo descansaba tranquilo, su misión completa, esperando al próximo corazón valiente que descubriera su magia.

Moraleja del cuento «La historia de la paloma y el espejo mágico que reflejaba el futuro»

El futuro es un camino incierto que solo el valor y la pureza del corazón pueden trazar correctamente. La verdadera magia reside en conocernos a nosotros mismos y enfrentar nuestros miedos con la esperanza viva y el espíritu unido. Cuando seguimos nuestro corazón y compartimos nuestro viaje con aquellos que amamos, no solo descubrimos quiénes somos, sino que también construimos un destino lleno de maravillas y alegrías.

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