La montaña maldita

La montaña maldita: una aventura de misterio y terror en la que un grupo de amigos debe enfrentarse a una maldición ancestral en una montaña nevada.

La montaña maldita: una aventura de misterio y terror en la que un grupo de amigos debe enfrentarse a una maldición ancestral en una montaña nevada.

En el frío invierno de 1998, un grupo de amigos compuesto por Martín, Sandra, Lucía, y Javier decidió aventurarse en una excursión a la Sierra Nevada. Habían oído rumores de una cabaña abandonada en lo alto de la montaña y, movidos por la curiosidad y el deseo de vivir una experiencia única, se equiparon con abrigos gruesos, linternas y provisiones suficientes para varios días.

Martín, el líder del grupo, era un hombre de complexión fuerte, con un espíritu intrépido y una barba espesa que lo hacía parecer mayor que sus 28 años. Sandra, la más inteligente y perspicaz, tenía ojos verdes repletos de curiosidad y una cabellera rizada que resistía las heladas. Lucía, la más joven, siempre estaba dispuesta a explorar lo desconocido, y su cabello rubio y recto resaltaba aún más contra la nieve. Javier, por último, era el mejor amigo de Martín, ingeniero de profesión y poseedor de una mente analítica que lo hacía imprescindible en situaciones complicadas.

La travesía comenzó sin contratiempos. El cielo azul contrastaba con el manto blanco que cubría el paisaje, y la risueña conversación de los amigos llenaba el aire con su entusiasmo. Pasaron varias horas hasta que empezaron a notar extraños fenómenos en su entorno: figuras que parecían moverse entre los árboles y susurros que el viento parecía transportar.

—¿Escucháis eso? —preguntó Sandra, deteniéndose abruptamente.

—Es solo el viento —respondió Martín para tranquilizar al grupo, aunque él también había percibido algo inquietante.

Continuaron la subida, y al caer la tarde, vislumbraron la cabaña abandonada, oculta entre densos abetos nevados. Se encontraba en un claro abierto, rodeada por un mar de blanco inmaculado que destacaba la oscura madera de sus paredes. Decidieron instalarse allí y encendieron una hoguera para calentarse y preparar algo de comer.

La cabaña, aunque rústica y vieja, lograba mantener el calor en su interior. Mientras se acomodaban, notaron viejas inscripciones en las paredes y un extraño símbolo tallado en la madera de la puerta. Javier, el más racional, intentó tranquilizarlos.

—Son solo supersticiones de antiguos residentes —dijo mientras inspeccionaba las tallas.

Pero esa noche, los misterios de la montaña comenzaron a revelarse. Sandra se despertó en medio de la noche, sintiendo una presencia helada en la habitación. Al abrir los ojos, vio una figura espectral, translúcida, que la observaba desde el extremo de la cama. Era una mujer de cabello largo y ropas antiguas, su rostro reflejaba un dolor profundo.

—¡Martín! ¡Despierta! —gritó Sandra, entre el pánico y la incredulidad.

El resto del grupo se levantó de golpe, también percibiendo el aire gélido y la apariencia fantasmal que llenaba el ambiente. Todos quedaron en silencio, observando cómo la figura se desvanecía lentamente, dejando tras de sí un susurro inteligible pero lleno de tristeza.

A la mañana siguiente, Javier sugirió explorar los alrededores en busca de alguna explicación. Cerca de la cabaña, encontraron una antigua cripta semi-enterrada en la nieve. Fue Lucía quien se aventuró a abrirla, revelando una serie de escalones que descendían hacia la oscuridad. Con linternas en mano, los amigos se adentraron en las profundidades, descubriendo inscripciones que narraban la maldición de una familia que vivió allí siglos atrás.

—Esto no puede ser real —murmuró Javier, observando las detalladas inscripciones—. Aquí dice que la hija del antiguo dueño fue acusada de brujería y ejecutada injustamente. Su espíritu vagaría por la montaña hasta que alguien descubriera la verdad.

La tensión crecía mientras descendían más y más profundo. Al llegar al final del túnel, encontraron un pequeño altar con el retrato de la joven acusada. La foto reflejaba el mismo rostro que Sandra vio la noche anterior. Al lado del retrato, un diario antigua revelaba los eventos que condujeron a la tragedia.

—Debemos hacer algo —dijo Martín, su voz firme—. No podemos dejar que este espíritu siga sufriendo.

Sandra, con su mente aguda, encontró una solución en las páginas del diario. Decidieron realizar un ritual que, según las inscripciones, liberaría el alma atrapada de la joven.

Esa noche, con la luna llena iluminando el cielo, los amigos siguieron las instrucciones del diario. Encendieron velas, dijeron las palabras necesarias y colocaron las antiguas pertenencias de la joven en el altar. Justo al finalizar, un viento helado atravesó el claro y una luz brillante envolvió la cabaña.

La figura espectral apareció una vez más, pero esta vez su expresión era de gratitud. Lentamente, se desvaneció, y una cálida sensación los envolvió a todos. La cabaña, que antes parecía tan siniestra, ahora emanaba una energía reconfortante.

—Lo hemos logrado —susurró Lucía, al borde de las lágrimas.

Javier, incrédulo pero satisfecho, asintió. Los cuatro amigos, unidos por una experiencia que nunca olvidarán, se abrazaron para celebrar su victoria contra la maldición.

Al amanecer, decidieron descender la montaña, sabiendo que habían traído paz a un alma atormentada y fortalecido su amistad. La nieve brillaba bajo el sol, y el aire frío llenaba sus pulmones con nueva vitalidad. Habían superado una prueba que ningún otro grupo de amigos podría haber imaginado.

Moraleja del cuento «La montaña maldita: una aventura de misterio y terror en la que un grupo de amigos debe enfrentarse a una maldición ancestral en una montaña nevada.»

A veces, los mayores misterios y desafíos pueden llevarnos a descubrir la fuerza de la amistad y la importancia de enfrentar nuestros temores juntos. La valentía y la unión pueden romper incluso las maldiciones más antiguas.

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