Las estrellas fugaces y el deseo de la niña que quería calidez

Las estrellas fugaces y el deseo de la niña que quería calidez

Las estrellas fugaces y el deseo de la niña que quería calidez

En un rincón tranquilo del universo, donde los cielos siempre estaban estrellados y las nubes parecían algodón de azúcar, vivía una niña llamada Inés. Tenía grandes ojos marrones que reflejaban el brillo de mil estrellas y el cabello oscuro como la noche tranquila. Inés era amable y generosa, siempre entregando su calidez a aquellos que la rodeaban.

Una noche, mientras miraba el cielo desde su ventana, Inés vio una estrella fugaz cruzando el cielo. Sorprendida, exclamó, «¡Mamá, mira! ¡Una estrella fugaz!» Su madre, una mujer de dulce voz y abrazo reconfortante, se acercó y le dijo suavemente, «Inés, las estrellas fugaces son muy especiales. Si pides un deseo con todo tu corazón, tal vez se haga realidad.»

Inés cerró los ojos y pensó, «Deseo que todas las noches sean tan cálidas como el abrazo de mamá.» La estrella desapareció en la lejanía, pero Inés sabía que su deseo había llegado a los cielos.

La noche siguiente, un suave resplandor despertó a Inés. Miró por la ventana y vio a una pequeña estrella titilando con fuerza. «¡Inés! ¡Inés! Soy Estelita, y he venido a cumplir tu deseo!» dijo con voz melodiosa. Inés, maravillada, preguntó, «¿Cómo vas a hacerlo, Estelita?»

«Para llenar el mundo de calidez, necesitamos que mi luz llegue a todos los rincones,» contestó Estelita. «Pero necesito tu ayuda. Vamos a visitar al Señor Viento y a la Señora Luna para pedirles su apoyo.» Inés, con el corazón lleno de emoción, se puso su capa roja favorita y siguió a Estelita.

Primero fueron al valle del Señor Viento, donde los árboles bailaban con cada soplo. Señor Viento, una figura alta y esbelta con barba hecha de nubes, los saludó alegremente. «¡Bienvenidos, Inés y Estelita! ¿En qué puedo ayudaros?» preguntó con voz profunda.

«Querido Señor Viento,» dijo Inés, «necesitamos tu ayuda para llevar la calidez de Estelita a todo el mundo.» El Señor Viento pensó y respondió, «Soplaré suavemente para que el calor de Estelita llegue a todas partes.» Y, con una sonrisa, les envió una suave brisa cálida.

Luego, volaron al palacio de la Señora Luna, una dama plateada con ojos llenos de sueños y un manto de estrellas. «¡Oh, hermosa Luna! ¿Nos ayudas a iluminar las noches con la calidez de Estelita?» preguntó Inés. La Señora Luna asintió con gracia, «Reflejaré la luz de Estelita en mi superficie para que su resplandor llegue a todas partes.»

Con la ayuda del Señor Viento y la Señora Luna, Estelita comenzó a brillar con más intensidad. La luz cálida se extendió por los valles, montañas y mares, llenando cada rincón de una agradable calidez. Inés, viendo el éxito de su aventura, sonrió y abrazó a Estelita. «Gracias, querida estrella,» susurró.

Esa noche, Inés se durmió acurrucada con una sonrisa. Sentía la calidez alrededor, no solo en el aire, sino también en su corazón. Y así, cada noche desde entonces, las estrellas brillaban con una luz especial, recordando el maravilloso deseo de una niña llamada Inés, quien sólo quería que todos sintieran la calidez de un abrazo.

Moraleja del cuento «Las estrellas fugaces y el deseo de la niña que quería calidez»

A veces, los deseos más grandes comienzan con pequeños actos de bondad y colaboración. Juntos, con amor y apoyo, podemos hacer del mundo un lugar más cálido y acogedor.

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