El cohete de cartón y el descubrimiento del planeta de los sueños

El cohete de cartón y el descubrimiento del planeta de los sueños

El cohete de cartón y el descubrimiento del planeta de los sueños

En un pequeño pueblo rodeado de colinas y verdes praderas, vivían dos hermanos llamados Alejandro e Irene. Alejandro tenía 10 años, un niño curioso de cabello castaño y ojos verdes que no podía quedarse quieto ni un solo momento. Irene, su hermana menor, tenía 8 años, unos rizos dorados y unos ojos azules que parecían reflejar cada rincón del cielo. A pesar de sus diferencias de edad, ambos compartían una pasión: la exploración y las aventuras.

El verano había llegado y, con él, las largas tardes libres para imaginar y crear. Una tarde mientras exploraban el viejo desván de su abuela, encontraron una pila de cartón y papel aluminio. Fue entonces cuando Alejandro tuvo una brillante idea. “¡Vamos a construir un cohete!” exclamó, con una chispa de emoción en los ojos.

Irene, siempre entusiasmada con los proyectos de su hermano, le sonrió ampliamente y comenzó a recoger trozos de cartón y tijeras. Juntos, cortaron, pegaron y decoraron su cohete hasta que estuvo listo. Pintaron una ventanilla y le añadieron unas llamas naranjas y rojas en la parte trasera para hacerlo más realista. Lo llamaron Explorador de Sueños.

“¿A dónde nos llevará nuestro cohete, Ale?” preguntó Irene, tan emocionada que parecía a punto de explotar. Alejandro, con su espíritu creativo al máximo, respondió: “Iremos al Planeta de los Sueños. Ahí, todos tus sueños se pueden hacer realidad.”

Así que, llenos de emoción, entraron en su cohete de cartón y empezaron la cuenta atrás. “Cinco, cuatro, tres, dos… ¡uno!” Ambos gritaron al unísono y el cohete, como por arte de magia, comenzó a moverse y a elevarse en el aire. Los árboles del jardín y las montañas se hicieron pequeños mientras se alejaban de la Tierra.

Antes de darse cuenta, estaban navegando entre estrellas y galaxias. “¡Mira, Ale! ¡Allí está la Osa Mayor!” exclamó Irene, apuntando con su dedo hacia una constelación brillante. Alejandro la contempló con admiración. Una luz resplandeciente, diferente a todo lo que habían visto antes, apareció en su campo visual. Dirigiéndose hacia ella, supieron que estaban llegando al Planeta de los Sueños.

El aterrizaje fue suave. Salieron del cohete con cautela y lo que encontraron fue un mundo más allá de cualquier cosa que jamás hubieran imaginado. El suelo estaba cubierto por una alfombra de flores de colores brillantes que, al pisarlas, susurraban melodías dulces. El cielo era de un azul tan profundo que parecía el mar, y había arcoíris que surgían de la nada, añadiendo un toque mágico al paisaje.

A lo lejos, divisaron una figura que se acercaba. Era un ser alto y delgado con una piel de color plateada y ojos violetas que irradiaban amabilidad. “Bienvenidos a mi planeta, terrícolas” dijo con una voz melodiosa. “Soy Estrella, la guardiana de los sueños.”

Alejandro e Irene se presentaron, y Estrella los llevó a dar un recorrido por su mundo. “En el Planeta de los Sueños, cada ser tiene el poder de hacer realidad sus sueños más profundos. Pero hay una condición: sus intenciones deben ser puras y su corazón, noble.” relató Estrella mientras flotaban sobre un lago de cristal donde nadaban peces luminosos.

Caminando por el bosque de los pensamientos, donde los árboles tenían hojas en forma de palabras, Alejandro notó algo que sobresalía entre el verdor: una brillante estructura dorada en la cima de una colina. Lo señaló y preguntó, “¿Qué es eso, Estrella?”. “Esa es la Torre de los Deseos, donde se custodian los sueños más preciados de los soñadores que han visitado este planeta” explicó.

Decidieron dirigirse hacia la torre. Mientras subían la colina, vieron criaturas asombrosas: un ciervo con manchas de lunares que emitían una suave luz, y mariposas con alas de cristal que reflejaban todos los colores del arcoíris. Al llegar a la cima, la torre les impresionó por su majestuosidad y esplendor.

Al entrar, una suave melodía los envolvió. En el centro de la sala principal estaba un pedestal con un cristal resplandeciente. Estrella se volvió hacia ellos y les dijo, “Este es el cristal del destino. A través de él, pueden ver sus sueños más profundos y cómo lograrlos.”

Uno a uno, Alejandro e Irene se acercaron al cristal. Alejandro vio un futuro lleno de aventuras, descubriendo nuevos mundos y ayudando a seres de todos los rincones del universo. Irene, por su parte, se vio a sí misma creando maravillas y llevando alegría a todos los que la rodeaban con su creatividad y bondad.

Conmovidos por estas visiones, se dieron cuenta de que su misión en la vida no era solo soñar, sino transformar sus sueños en realidades palpables. Estrella los miró con ternura y les dijo, “El verdadero poder de los sueños radica en la valentía de hacerlos realidad. Vuelvan a su mundo y nunca dejen de soñar y de luchar por lo que creen.”

Antes de partir, Estrella les entregó a cada uno un pequeño fragmento del cristal del destino. “Estos fragmentos siempre les recordarán su tiempo en el Planeta de los Sueños y les darán fuerza en los momentos difíciles” dijo, desvaneciéndose en un brillo plateado.

De regreso a su cohete, Alejandro e Irene sintieron una mezcla de tristeza y esperanza. Iniciaron el viaje de vuelta con el corazón lleno de determinación. El viaje de regreso pareció más corto, y pronto estaban de nuevo en el jardín de su abuela, como si nada hubiera pasado.

“¿Crees que fue un sueño, Ale?” preguntó Irene, mirando el trozo del cristal que sostenía en su mano. “No lo sé, Irene, pero lo que sé es que nunca debemos dejar de soñar y de luchar para hacer nuestros sueños realidad.” respondió Alejandro con una sonrisa.

Los días siguientes, lo que aprendieron en el Planeta de los Sueños inspiró a Alejandro e Irene a perseguir cada aventura con nueva fuerza y determinación. Construían nuevos inventos, exploraban lugares mágicos con su imaginación y se ayudaban mutuamente a fortalecer su valentía.

El verano pasó, pero las enseñanzas de Estrella nunca se desvanecieron. El cohete de cartón permaneció como un recordatorio, no solo de una fantástica aventura, sino de la importancia de soñar y luchar por esos sueños, sin importar cuán difíciles parezcan.

Moraleja del cuento «El cohete de cartón y el descubrimiento del planeta de los sueños»

Los sueños son el primer paso hacia la realidad y la valentía es el motor que los convierte en verdad. No dejes que nadie apague tus sueños, porque en ellos reside la magia de transformar el mundo.

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