El pato y la flor de loto que revelaba profecías en el estanque sagrado

El pato y la flor de loto que revelaba profecías en el estanque sagrado

El pato y la flor de loto que revelaba profecías en el estanque sagrado

Había una vez, en un rincón apartado del bosque, un estanque de aguas cristalinas que parecía sacado de un cuento de hadas. En ese místico lugar, vivía una comunidad de patos que compartían sus días entre risas, travesuras y aventuras. Entre todos ellos, destacaba un pato de plumaje dorado llamado Leonardo, quien era conocido por su curiosidad insaciable y su benevolencia inquebrantable.

Leonardo se diferenciaba de los demás no solo por el brillo dorado de su plumaje sino por la chispa de sus profundos ojos pardos que reflejaban un mundo lleno de misterios esperando ser descubiertos. En el estanque, su mejor amigo era un pato malabarista llamado Fabián, cuyas plumas blancas con manchas negras lo convertían en una presencia única y entrañable. Ambos disfrutaban de largos paseos por el agua y solían debatir sobre lo desconocido.

Un día, algo extraordinario ocurrió. Mientras Leonardo y Fabián remaban despacio por el centro del estanque, notaron una flor de loto azul que emergía en el centro del agua. Jamás habían visto una flor de un color tan intenso y brillante. Decidieron investigarla más de cerca. Al llegar a ella, observaron que la flor tenía una inscripción en sus pétalos que decía: «El que beba de esta agua y recite este conjuro, revelará las profecías del futuro.»

– «Leonardo, ¿qué crees que significa esto?» – preguntó Fabián con una mezcla de emoción y temor en su voz.
– «No lo sé, Fabián, pero debemos descubrirlo. Tal vez esta flor guarda secretos que pueden cambiar nuestras vidas.» – contestó Leonardo con decisión.

Motivados por su inquietud, Leonardo decidió beber un sorbo del agua cuyas gotas brillaban como diamantes. Luego, recitó el conjuro inscrito en los pétalos de la flor de loto azul. En ese instante, las aguas del estanque comenzaron a brillar con luz propia y una voz serena se escuchó en el aire:

– «Leonardo y Fabián, habéis despertado el destino profético. Tres desafíos os esperan para encontrar la verdad y cambiar el destino de este bosque. Os guiarán los sueños y el coraje, pero recordad, solo la bondad y la inteligencia abrirán las puertas del misterio.»

Comenzó así una aventura en la que los patos se verían envueltos en enigmas y desafíos jamás imaginados. El primer desafío se presentó esa misma noche. En medio del silencio del anochecer, una luz extraña proveniente de la antigua cueva del búho sabio despertó a Leonardo. Fabián, siempre dispuesto, lo acompañó sin dudar.

En la cueva, encontraron a Don Teo, el búho sabio, de ojos penetrantes y plumas grises. Este les presentó el primer enigma: «¿Qué crece cuando más se le quita y mengua cuando más se le da?» Los jóvenes patos, con rostro pensativo, comenzaron a deliberar.

– «Es un enigma muy antiguo, pero creo que conozco la respuesta» – dijo Leonardo. «¿Es una sombra, Don Teo?»
– «Correcto, joven Leonardo. Habéis superado el primer desafío. Avanzad con valentía hacia el siguiente.» – respondió el búho con una sonrisa.

El segundo desafío los llevó más allá del estanque, hasta un claro del bosque donde encontraron un laberinto de setos que susurraba al viento. Al entrar, las puertas de setos se cerraron tras ellos, dejándolos atrapados en un intrincado camino verde. Mientras avanzaban, oían susurros y murmuraciones que parecían querer guiarlos y despistarlos a la vez.

Finalmente, después de horas que parecían interminables, encontraron una inscripción en una roca al centro del laberinto: «El corazón verdadero siempre sabe el camino. Cerrad los ojos y seguid el palpitar de la tierra.» Tomados de la mano, Leonardo y Fabián cerraron los ojos y sintieron la tierra bajo sus patas. Guiados por una intuición innata, hallaron la salida del laberinto.

– «Lo logramos, Fabián, sentimos la tierra y supimos el camino.» – exclamó Leonardo.
– «Sí, amigo mío, el valor y la confianza nos han traído hasta aquí.» – contestó emocionado Fabián.

Por fin, el tercer desafío los llevó a una cascada oculta, cuyos destellos de agua reflejaban arcoiris. Allí, un majestuoso cisne llamado Eleonor, de plumaje tan blanco como la nieve recién caída, los esperaba. Eleonor les habló con voz suave y melodiosa: «Para superar esta prueba final, debéis demostrar lo que habéis aprendido durante vuestro viaje.»

Frente a ellos apareció un huevo de cristal que emanaba luz. Al tocarlo, se materializó una visión del bosque en peligro, gobernado por la codicia y el egoísmo. Leonardo y Fabián, consternados, sabían que debían actuar con sabiduría y compasión.

– «Eleonor,» – dijo Leonardo, «hemos aprendido que solo con bondad y coraje podemos salvar nuestro hogar. Nos comprometemos a cuidar de nuestro bosque y de sus habitantes, con respeto y amor.» – añadió Fabián con determinación.

El cisne sonrió y la visión desapareció. La cascada brilló aún más y de su agua emergió la flor de loto azul, ahora resplandeciente. Los dos patos comprendieron que el verdadero poder de la flor no era predecir el futuro, sino enseñarles a crear un futuro mejor a través de sus propias acciones.

De regreso al estanque, toda la comunidad de patos los recibió con júbilo. Don Teo, que había presenciado su regreso, se acercó a ellos:

– «Habéis demostrado gran sabiduría, jóvenes patos. El estanque sagrado y el bosque estarán siempre protegidos por vuestra bondad.» – les dijo con orgullo.

Desde aquel día, Leonardo y Fabián vivieron sus vidas como guardianes del estanque, enseñando a los más jóvenes la importancia del amor y el respeto por la naturaleza. La flor de loto azul se convirtió en un símbolo de esperanza y renacimiento para todos los habitantes del bosque.

Así, en un rincón mágico del mundo, dos patos curiosos y valientes cambiaron su destino y el de su hogar. Y cada vez que el sol se ponía, sus plumas doradas y blancas brillaban, recordando a todos que las verdaderas profecías se construyen con el corazón.

Moraleja del cuento «El pato y la flor de loto que revelaba profecías en el estanque sagrado»

La verdadera fuerza de cualquier ser reside no solo en su capacidad de enfrentar desafíos, sino en su habilidad para hacerlo con compasión y sabiduría. A través del coraje y la bondad, podemos forjar un futuro lleno de esperanza y armonía para todos. Los misterios de la vida no se revelan por arte de magia, sino a través de acciones conscientes y altruistas que iluminan nuestro camino.

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