Cuento: El verano interminable

Dibujo con colores alegres de un pequeño pueblo, un río y el campo en verano.

El verano interminable

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Érase una vez un pequeño pueblo en medio de un valle rodeado de montañas.

En ese pueblo, el verano era la estación más esperada del año.

Las calles se llenaban de niños jugando, los campos estaban verdes y llenos de vida, y el sol brillaba en el cielo sin una sola nube.

En el centro del pueblo, había un pequeño parque donde los niños se reunían todos los días para jugar y refrescarse en la fuente.

Los adultos se sentaban en los bancos a charlar y disfrutar de la brisa fresca. Los agricultores trabajaban duro en sus campos, aprovechando el clima perfecto para cultivar sus cultivos.

Pero el verano también trajo desafíos al pueblo.

Con el sol abrasador y las pocas lluvias, los cultivos necesitaban mucha atención y cuidado para mantenerse saludables.

Los agricultores trabajaban sin descanso, regando los campos y asegurándose de que las plantas tuvieran suficiente agua y nutrientes para crecer.

Además, con tanto sol y calor, el agua se volvía un recurso valioso y escaso.

Los habitantes del pueblo trabajaron juntos para administrar el agua de manera eficiente y asegurarse de que todos tuvieran acceso a ella.

A pesar de los desafíos, el verano también trajo momentos de alegría y diversión.

Las tardes se llenaban de risas y música mientras la gente se reunía en el parque a disfrutar de una barbacoa o una tarde de juegos.

Los niños corrían por los campos, jugando al escondite o al fútbol, mientras los adultos disfrutaban de un baño en el río cercano.

Una noche de verano, el pueblo decidió organizar un gran baile en la plaza central para celebrar la estación.

Los habitantes del pueblo se pusieron sus mejores ropas y se reunieron bajo la luz de la luna para bailar y cantar juntos.

La música tocó hasta altas horas de la noche y todos se divirtieron hasta que el sol comenzó a asomarse por el horizonte.

Con el paso de las semanas, el verano comenzó a dar señales de su final.

Las hojas comenzaron a cambiar de color, los días se hicieron más cortos y las noches más frescas. Los habitantes del pueblo se prepararon para el otoño, recolectando los últimos cultivos y almacenando agua para los meses más fríos.

A pesar de que el verano estaba llegando a su fin, el pueblo se sentía feliz y satisfecho.

Habían disfrutado de una temporada llena de diversión y alegría, pero también habían trabajado juntos para superar los desafíos que la estación les había presentado.

El verano había fortalecido su comunidad y su espíritu de colaboración, dejando en ellos la esperanza de volver a vivir otra temporada juntos.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

Abraham Cuentacuentos.

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