La leyenda de la bruja buena y el pueblo bajo el encantamiento

La leyenda de la bruja buena y el pueblo bajo el encantamiento

La leyenda de la bruja buena y el pueblo bajo el encantamiento

En un rincón apartado de la cordillera, donde los ríos se preparan para sus saltos y los robles se elevan majestuosos al cielo, se hallaba el pequeño y pintoresco pueblo de El Torzuelo. En tiempos antiguos, este lugar era conocido por el hechizo que lo había envuelto, un embrujo de siglos que se entrelazaba con la vida cotidiana de sus habitantes, aunque ya nadie lo recordaba.

Estrella, la joven bruja de ojos verdes resplandecientes y cabello del color de fuego, llegó a El Torzuelo en una fresca mañana de otoño. No tenía más pertenencias que una varita de fresno y un grimorio antiguo heredado de su abuela. Pronto se dio cuenta de que aquel pueblo guardaba secretos oscuros que aguardaban ser desvelados. Sin embargo, a diferencia de sus antepasados, ella deseaba usar sus poderes para el bien.

Durante los primeros días, Estrella se dedicó a conocer a los habitantes del lugar. Marta, la panadera, era una mujer robusta con una risa contagiosa; Juan, el herrero, tenía las manos endurecidas por el trabajo y el corazón blando como la cera; Carmen, la maestra, enseñaba a los niños con una dulzura inigualable. Todos la recibieron con amabilidad, aunque con una leve sospecha que se disipaba con cada acción suya.

Un buen día, un incidente rompió la calma del pueblo. Unas luces extrañas comenzaron a brillar en la punta del campanario de la iglesia y un viento gélido, casi fantasmal, recorrió las calles principales. «¿Qué está pasando?», murmuró Juan al ver el cielo oscurecido. Carmen agregó con nerviosismo, «Esto no había sucedido nunca».

Sin embargo, solo Estrella sentía en sus huesos la presencia de un antiguo encantamiento. Consultó su grimorio y halló lo que temía: «El Pueblo Bajo El Encantamiento». Según las páginas centenarias, El Torzuelo estaba bajo un hechizo impuesto por Eufrasia, una bruja maligna que había sido desterrada tres siglos atrás. Eufrasia lanzaba su poder desde la Torre del Olvido, un antiguo castillo en ruinas en lo alto de la montaña.

Estrella convocó a una reunión en la plaza central. «Amigos, debo contarles la verdad», dijo con voz firme. «Este pueblo está bajo un encantamiento y ha llegado el momento de enfrentarlo. Necesito vuestra ayuda». Los rostros de los aldeanos reflejaban incredulidad y miedo, pero Marta se adelantó, extendiendo sus manos encallecidas hacia Estrella. «Te creemos. Haznos saber qué debemos hacer».

Juntos, planificaron una expedición a la Torre del Olvido. Se armaron con coraje y las pocas armas que podían encontrar. Durante el ascenso abrupto, el número de aldeanos disminuyó por el temor a la leyenda, pero un grupo de valientes, encabezado por Estrella, continuó el trepidante viaje. Entre ellos estaban Marta, Juan y Carmen, quienes no dieron marcha atrás.

El castillo, aunque en ruinas, conservaba un aire de imponente majestad. Estrella avanzó con delicadeza, sintiendo un escalofrío correr por su espalda cuando cruzó el umbral. En el corazón de la torre, encontraron el antiguo altar de Eufrasia, cubierto de polvo y retorcidos símbolos mágicos. Estrella recogió el grimorio de su abuela y comenzó a entonar palabras en un murmullo ancestral.

De repente, una figura etérea emergió de las sombras. Era Eufrasia, de ojos maliciosos y presencia intimidante. «¿Quién osa perturbar mi descanso?», bramó con voz de trueno. Estrella, aunque temblequeaba interiormente, respondió con valentía, «Somos los habitantes de El Torzuelo. Hemos venido a liberarnos de tu encantamiento».

Eufrasia se río con desprecio, pero no comprendía que la unión de aquellos aldeanos les daba una fuerza inusitada. Estrella continuó su hechizo, y Marta, Juan y Carmen cerraron el círculo, sosteniendo firmemente sus manos. Un halo de luz empezó a envolverse alrededor de ellos, haciendo retroceder a la malévola bruja.

La lucha entre ambas brujas fue feroz. Relámpagos y truenos artificiales llenaron la sala, creando un espectáculo de luces y sombras. Sin embargo, Estrella no estaba sola; la energía conjunta del grupo la fortalecía. Justo cuando parecía que Eufrasia ganaría, una poderosa onda de luz, nacida del amor y la esperanza, surgirió del centro del círculo, derribando a la antigua hechicera.

Con un gran rugido final, Eufrasia se desvaneció en una nube negra, dejando solo silencio y un aire claro. Estrella cayó de rodillas, agotada pero triunfante. Los habitantes soltaron gritos de júbilo y lágrimas de alegría, abrazando a la joven bruja.

Regresaron al pueblo como héroes. A partir de entonces, El Torzuelo se transformó en un lugar vibrante y lleno de vida. Los ríos corrían más claros, los bosques reverdecieron y la tranquilidad y paz reinaron nuevamente. Estrella decidió quedarse, fundando una escuela de magia benévola con la ayuda de sus nuevos amigos.

Pasaron los años, y la historia de la bruja buena y el terrible encantamiento se contó una y otra vez bajo las estrellas del cielo nocturno. Los niños crecieron escuchando estas historias, aprendiendo del valor y la cooperación. Y aunque Estrella envejeció, su espíritu y enseñanzas pervivieron, haciendo de El Torzuelo un lugar donde lo mágico y lo humano coexistían en armonía.

En una noche estrellada, muchos años después, Estrella observaba su amado pueblo desde la colina más alta. Sentía orgullo y serenidad al pensar en todo lo que habían logrado juntos. «Gracias», murmuró en voz baja al cielo lleno de estrellas, sintiendo la presencia benevolente de su abuela y de todas las brujas buenas que la precedieron.

Así fue como la sombra del encantamiento se disipó no solo del pueblo, sino de los corazones de sus habitantes, y quedó instaurada la Leyenda de Estrella, la bruja que con su bondad y valentía cambió para siempre el destino de El Torzuelo.

Moraleja del cuento «La leyenda de la bruja buena y el pueblo bajo el encantamiento»

El amor, el valor y la unión son fuerzas poderosas que pueden deshacer los encantamientos más oscuros y derrotar las sombras más antiguas. Trabajando juntos, incluso los desafíos más grandes pueden convertirse en historias de triunfo y esperanza.

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