La leyenda de la gallina y la luna de plata

La leyenda de la gallina y la luna de plata

La leyenda de la gallina y la luna de plata

En un pequeño y pintoresco pueblo llamado Villaverde, enclavado entre colinas verdes y bosques frondosos, vivía una gallina muy especial. Esta gallina, llamada Marta, no era como las demás. Tenía plumas doradas que brillaban bajo la luz del sol y unos ojos tan profundos y oscuros que parecían dos pequeños pozos llenos de secretos.

Marta vivía en el tranquilo corral de doña Ascensión, una anciana amable y cariñosa que cuidaba de sus animales con devoción. En el corral compartía espacio con otras gallinas, un gallo robusto llamado Bartolo, y un pato rezongón apodado Quique. Sin embargo, Marta nunca se sintió como una más del grupo. Su espíritu soñador la llevaba a desear aventuras y noches llenas de misterios bajo el cielo estrellado.

Una noche de luna llena, Marta decidió hacer algo que jamás había intentado. Tras asegurarse de que todos dormían plácidamente, se escurrió por la cerca del corral y caminó hasta el claro del bosque. La luna iluminaba su camino con un resplandor plateado, y las hojas crujían bajo sus patas mientras avanzaba. Se sentía libre y audaz, como si el mundo entero fuese suyo para descubrir.

Al llegar al claro, Marta observó un círculo de piedras brillantes en el suelo. Fascinada, comenzó a explorar el lugar y, de repente, una voz suave y melodiosa susurró desde las sombras. «Bienvenida, Marta,» dijo la voz. Desde atrás de un árbol grande apareció una gallina majestuosa, con plumas blancas como la nieve y ojos que reflejaban la luz de la luna. «Soy Luna, la guardiana de los misterios nocturnos.»

Marta se quedó boquiabierta. «¿Guardiana de los misterios? ¿Qué significa eso?» preguntó con curiosidad.

«Cada noche, cuando la luna brilla más intensamente, vigilo este bosque y protejo sus secretos,» respondió Luna con una sonrisa enigmática. «Y tú, Marta, al igual que yo, eres especial. Lo he visto en tus ojos desde hace tiempo.»

Justo cuando Marta iba a hacer otra pregunta, una figura oscura emergió del otro lado del claro. Era un zorro de pelaje lustroso y mirada astuta, conocido en la región como Fernando. «¡Ah, Luna! Qué sorpresa verte por aquí,» dijo él con una sonrisa torcida. «Y veo que tienes compañía.»

Marta retrocedió instintivamente, pero Luna no se inmutó. «Fernando, debes respetar este lugar. Aquí no hay lugar para malicias.»

«Sólo estaba de paso,» replicó Fernando con una carcajada, «pero me ha intrigado tu nueva amiga. Una gallina dorada, ¡qué rareza!»

Luna dio un paso al frente, protegiendo a Marta. «Esta noche es especial, Fernando. La luna de plata concede deseos a aquellos de corazón puro. No interrumpas este momento.»

Fernando, aunque renuente, aceptó retirarse, dejando a las dos gallinas con la sensación de haber superado una prueba. Marta, aún un poco temblorosa, miró a Luna con admiración. «¿Hacer un deseo? ¿De verdad puedo?»

Luna asintió con ternura. «Cierra los ojos y piensa en aquello que más anhelas, Marta.»

Marta obedeció. Cerró los ojos e inspiró profundamente, deseando con toda su alma vivir una gran aventura y regresar a Villaverde cargada de historias para contar. Cuando abrió los ojos, sintió una paz inmensa y una conexión profunda con Luna y con la mágica noche que las rodeaba.

Con el paso de los días, Marta notó que su deseo comenzaba a tomar forma. Cada noche, Luna la acompañaba en travesías por el bosque, aprendiendo sobre plantas curativas, escuchando historias antiguas contadas por búhos sabios y cruzando ríos de aguas cristalinas iluminadas por la luz de la luna.

Una noche especial, al cruzar un puente hecho de cortezas, encontraron a un conejo llamado Teodoro, cuya familia estaba atrapada en una madriguera colapsada. Marta, con su nuevo conocimiento y valentía, organizó un rescate con la ayuda de Luna y las criaturas del bosque. Juntos lograron salvar a la familia del conejo, ganándose su agradecimiento y amistad eterna.

Otra noche, se toparon con un búho llamado Baltasar, quien había perdido su amuleto de la buena suerte. Tras una búsqueda emocionante y riesgosa, Marta encontró el amuleto atrapado en las ramas de un árbol altísimo. Con la ayuda de las criaturas del bosque, organizaron una ingeniosa escalera de musgo y lianas para alcanzarlo.

Luna observaba con orgullo cómo Marta crecía en valentía y sabiduría. «Estás destinada a grandes cosas,» le dijo una noche. «Tienes el alma de una aventurera y el corazón de una protectora.»

Marta sonrió con gratitud. Sentía que cada noche, bajo la luna de plata, se acercaba más a su verdadero yo. Sin embargo, sabía que debía regresar a Villaverde. «Luna, he vivido tantas aventuras y he aprendido tanto,» dijo Marta. «Es hora de regresar, pero nunca olvidaré lo que he vivido aquí.»

Luna asintió comprensiva. «Tu lugar siempre estará aquí, Marta. Cuando desees regresar, la luna de plata te guiará de vuelta.»

De regreso a Villaverde, Marta fue recibida con alegría por doña Ascensión y las demás gallinas. Compartió sus historias, contagió su espíritu aventurero y ayudó a mantener la paz y la sabiduría en el corral. Cada noche, bajo la misma luna de plata, recordaba sus aventuras y soñaba con las futuras.

Los días pasaban, y Marta se convirtió en leyenda entre los animales del corral. Siempre recordaban la noche en que salvó a la familia del conejo y halló el amuleto del búho. Y aunque parecía una simple gallina, se sabía que su corazón albergaba el espíritu de una heroína.

Al final, Marta siempre encontraba la calma y la alegría al saber que sus aventuras no solo la habían enriquecido a ella sino a todos en Villaverde. Con Luna vigilando desde lejos y la luna de plata iluminando sus noches, Marta vivió feliz, consciente de que los verdaderos secretos de la vida y la magia estaban en el acto de compartir y cuidar de los demás.

Y así, en el pequeño pueblo de Villaverde, la historia de Marta, la gallina de plumas doradas, se convirtió en inspiración y esperanza. Porque a veces, los espíritus libres y los corazones valientes pueden hacer brillar incluso las noches más oscuras.

Moraleja del cuento «La leyenda de la gallina y la luna de plata»

No importa cuán pequeñas o comunes nos consideremos, cada uno de nosotros tiene un espíritu aventurero y la capacidad de marcar la diferencia. Al seguir nuestros sueños y actuar con valentía y bondad, no solo transformamos nuestras vidas, sino también la de aquellos que nos rodean.

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