Cuento: La leyenda del río que fluía con melodías de sueños compartidos

Cuento: La leyenda del río que fluía con melodías de sueños compartidos 1

La leyenda del río que fluía con melodías de sueños compartidos

En la aldea de Almazara, la gente vivía al ritmo tranquilamente pausado que marcaba el río Melodía.

Sus aguas cristalinas fluían suavemente, tarareando una dulce canción que los habitantes juraban estaba llena de sueños.

Cerca del río, se encontraba Lena, una tejedora de historias que tejía en sus mantas las narraciones más fantasiosas y hermosas que el corazón pudiera albergar.

El cabello de Lena era tan negro como la noche sin luna y su sonrisa tan brillante como el amanecer.

Sus dedos ágiles entrelazaban hilos como si entrelazaran destinos, y la calma de su presencia era remedio para cualquier alma inquieta.

Una tarde, mientras el sol comenzaba su descenso, un viajero de mirada afilada y sonrisa tímida, llamado Ilian, se aproximó al río. Ilian buscaba la serenidad que parecía haber abandonado su vida, así que acudió al río Melodía con la esperanza de hallarla en sus aguas mágicas.

«Buenas tardes, tejedora de historias,» saludó Ilian con cortesía.

Su voz era áspera, marcada por la cantidad de caminos que había recorrido. «¿Es cierto que estas aguas me pueden brindar el descanso que mi mente demanda?»

«Así es,» respondió Lena con dulzura, «pero no solo las aguas te enseñarán el camino hacia el reposo. Hay una historia entretejida en cada corriente y cada remolino, y esas historias susurrarán en tu oído las melodías de los sueños más apacibles que puedas imaginar.»

La curiosidad brilló en los ojos del viajero al escuchar esas palabras.

Decidió acampar cerca del río y pedirle a Lena que compartiera con él las leyendas de Melodía bajo la luna creciente.

Con la noche abrazando el mundo y las luciérnagas parpadeando como estrellas terrenales, Lena comenzó a narrar.

Sus cuentos estaban llenos de criaturas esquivas que danzaban en los bosques y seres místicos que se sumergían en las aguas buscando sus reflejos perdidos.

Ilian escuchaba, la cadencia de su voz mezclándose con el fluir del río, como si las historias antiguas salieran directamente de sus aguas.

Eventualmente, las palabras se desvanecían y el sonido de Melodía cobraba protagonismo. Ilian se encontró cerrando los ojos, y con cada nota acuática, sus pensamientos se desprendían de las preocupaciones terrenales.

La noche avanzaba y en su mente comenzaron a brotar imágenes de paz, paisajes donde el tiempo parecía no existir.

El amanecer encontró al viajero durmiendo plácidamente por primera vez en años.

Al despertar, descubrió que Lena había desaparecido, pero a cambio, su manta estaba cuidadosamente colocada sobre él.

La manta estaba decorada con escenas que reflejaban los cuentos que Lena había compartido, y aunque no comprendía cómo, Ilian sabía que cada vez que se envolviera en ella, los sueños dulces acudirían a él como los peces al río.

Los días que siguieron, Ilian se convirtió en una presencia constante a orillas de Melodía.

No solo halló descanso, sino también una nueva pasión por las historias y las leyendas locales.

Decidió que él también sería narrador, siguiendo los pasos de Lena, transmitiendo paz a aquellos cuyas mentes no conocían la tranquilidad.

Con cada historia, la melodía del río parecía fortalecerse, como si cada palabra que Ilian compartía fuera un regalo para las aguas que le habían dado tanto.

Y mientras el río fluía, los habitantes de Almazara comenzaron a experimentar sueños compartidos, sueños de hilos entrelazados, sueños tejidos por una tejedora fugaz y un viajero convertido en cuentacuentos.

Así, la leyenda del río Melodía se expandió, llevando sueños tenues y dulces a todos los que se acercaban a sus orillas.

Los viajeros, escépticos al principio, dejaban la aldea con mentes más ligeras y corazones llenos de historias por contar.

Y aunque Lena no fue vista nuevamente, su legado permaneció en cada hilo de cada manta y en cada palabra que fluía de labios a oídos, como las aguas del río que fluían con melodías de sueños compartidos.

Aquellos que aprendían a escuchar encontraban siempre el camino de regreso a la paz, tanto en la vigilia como en el mundo de los sueños.

Así, la aldea de Almazara se convirtió en un santuario para el descanso y un refugio para aquellos buscadores de calma en medio del caos, donde la magia era tan real como las aguas que fluían y las historias que la gente llevaba consigo.

Ilian, alguna vez un viajero cansado, ahora era un guardián de sueños, un tejedor de serenidad.

Su vida, al igual que el río, continuó fluyendo con una melodía tranquila y constante, recordando siempre que las historias compartidas son como ríos que unen corazones, y que el descanso verdadero no se encuentra solo en el silencio, sino en el eco de las palabras que nacen del alma.

Moraleja del cuento «La leyenda del río que fluía con melodías de sueños compartidos»

La tranquilidad y los sueños no se encuentran en la soledad de las aguas silenciosas sino en el compañerismo de historias susurradas y compartidas, que fluyen como ríos entrelazando destinos y tejiendo una red de paz en nuestro interior.

Abraham Cuentacuentos.

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