Cuento: Los petauros perdidos del bosque

Dibujo de un petauro del azúcar volando en un bosque.

Los petauros perdidos del bosque

Había una vez en un frondoso bosque de Australia, una familia de petauros del azúcar.

Los petauros eran criaturas pequeñas y peludas con grandes ojos negros y una cola prensil que les permitía trepar y saltar de árbol en árbol con facilidad.

Eran criaturas nocturnas, por lo que pasaban la mayor parte del día durmiendo en nidos de hojas y ramitas en lo alto de los árboles.

La familia de petauros estaba formada por la mamá petauro, el papá petauro y sus dos pequeños hijos, Sugar y Spice.

Vivían en una vieja cabaña de árbol abandonada por un grupo de ardillas y se las habían arreglado para convertirla en un hogar cálido y acogedor.

La mamá petauro había tejido con habilidad una serie de hamacas de hojas que colgaban de las ramas, mientras que el papá petauro había construido un sistema de túneles y rampas para que los pequeños pudieran explorar su entorno.

Los petauros eran muy felices en su hogar y disfrutaban de la vida tranquila en el bosque.

Pero un día, mientras se aventuraban en busca de frutas y néctar, Sugar y Spice se toparon con un problema.

Se habían perdido.

Corrieron en diferentes direcciones para encontrar a su familia, pero no sabían por dónde habían venido y se encontraban en un lugar desconocido.

Mientras tanto, en otro lugar del bosque, un grupo de pájaros carpinteros había construido un nido en un árbol cercano.

Los petauros se dieron cuenta de que la entrada del nido estaba justo en la trayectoria de un gran árbol que estaba a punto de caer.

Sabían que los pájaros no se darían cuenta a tiempo y podrían morir en el proceso. Así que los petauros decidieron actuar.

Sugar y Spice, con la ayuda de otros animales del bosque, comenzaron a hacer un ruido ensordecedor para alertar a los pájaros carpinteros.

El ruido era tan fuerte que incluso los humanos que paseaban por el bosque lo escucharon y corrieron hacia el lugar para averiguar lo que estaba sucediendo.

Cuando llegaron, se dieron cuenta de la situación de peligro y comenzaron a ayudar a los petauros.

Con la ayuda de una sierra, cortaron el árbol que estaba a punto de caer y lo sacaron del camino.

Los pájaros carpinteros estaban a salvo y agradecidos con los pequeños petauros por salvar sus vidas.

Finalmente, Sugar y Spice se reencontraron con su familia gracias a la ayuda de los humanos y los animales del bosque. Todos los petauros estaban a salvo y felices de estar juntos de nuevo. Los humanos construyeron una pequeña placa para agradecer a los petauros su valentía y su espíritu protector del bosque.

Desde ese día, los petauros del azúcar se convirtieron en héroes del bosque y eran conocidos por su valentía y astucia.

Continuaron viviendo felices en su hogar de la cabaña de árbol, disfrutando de la vida tranquila en el bosque, pero también sabían que podían contar con la ayuda de sus amigos del bosque y de los humanos que los rodeaban.

Sugar y Spice aprendieron una valiosa lección de su aventura, que la amistad y la colaboración pueden lograr cosas increíbles, y que siempre se pueden hacer cosas buenas para ayudar a los demás.

Así que continuaron explorando el bosque y compartiendo sus historias con otros animales, y en cada oportunidad que tenían, recordaban la importancia de cuidar y proteger su hogar.

Y así, la familia de petauros del azúcar vivió felices y en paz, cuidando de su hogar y de todos los seres vivos que habitaban en él.

Y en el corazón de cada uno de ellos, siempre guardaron el recuerdo de aquella aventura que los unió aún más y les enseñó el valor de la amistad y la colaboración.

Abraham Cuentacuentos.

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